Esta noche te dedico estas
palabras que nacen debajo de montones de emociones, lágrimas y tormentos,
palabras que reflejan la dicha de este momento y la acorazonada de un corazón
contento. Enredo entre tus cabellos mis dedos hambrientos, más aún te beso y como
un pequeño me siento; conociendo el mundo, naciendo aún por dentro. Mientras
nuestros labios rozamos mi cuerpo se eriza al compás del pentagrama, siento
tu respirar profundo y sereno, siento mi vida caminando a paso lento. El tiempo
se detiene, desdicha que en realidad sólo en mi mente, y nuestros abrazos,
tiernos y sinceros, crean el fuego eterno de un infierno con gusto a cielo. El
verde de las hojas se esparce por nuestros vientres; mis pies tiritan y mis
dientes se adormecen. La lluvia recorre mis ojos, emocionados por la espléndida
aparición de ángeles semi-desnudos, demostrando al mundo la serenidad del
cuerpo sin límites para amar. Recorro tu mente centímetro a centímetro, más aún
me queda por recorrer una infinidad de kilómetros, llenos de audacia y faltos
de envidia; mis ojos serenos permanecen en vigilia. Nos veo caminar por valles
ínfimos a la luz de la Luna, las estrellas nos guían los pasos hacia la
alegría. Luego nuestras miradas se cruzan, alocados sueños esparcen nuestra
ternura; te beso a lo lejos silueta de sombras no oscuras.
Más ahora exhausto me
encuentro, pues nada de lo que he escrito puede señalar mis sentimientos en
estos momentos, aquellos indescriptibles y de paso alucinantes, besos
inciertos. Mi almohada espera el retorno de mis sueños, sueños sin vida que
cuando apareces se iluminan, vida que me mimas en un vendaval de caricias.
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