Con este nudo en la garganta
comienzo a escribir aquello que no en mi realidad interior, pero si en mis
pensamientos se desmaraña, aquello insólito que jamás transcribiré con mi voz;
palabras que han de quedar en letras enmarcadas. Sufro por esto aunque aún
siento mi respirar, pausado con el tiempo y silencioso como el mal, te miro a
los ojos y aún no lo creo, que tonto he yo de ser. No te he dado las razones
para poder celarte, no te he mirado a los ojos para poder decirte que cada paso
tuyo, cada latido, es parte de este calmado semblante. Mis manos sienten tu
calor, más tú cada vez te alejas; senderos íntimos recorren nuestras emociones,
aquellas turbadas por el error de nuestra necedad. Más ahora rompes mi alma,
aquella que no es de plastilina, porque ser humano he de ser en esta vida. De
pronto nos miramos por unos segundos y ya no tienes ojos, son de otro inhumano
que en sus juegos te ha apostado. Corremos y corremos, pues todo esto es un
sueño; mi mano aún comprometida no puede virar en la esquina. Pues creo que en
mal tiempo te conocí, ente de mi agonía, con mala cara te recibí, pues mi
cuerpo no me pertenecía; más ahora me lamento, con esta piedra en el pecho, por
el apuro de mis descontentos, lo apresurado de mi comportamiento. Sin embargo,
miro este cielo estrellado que ojos de serpiente cobija debajo de su ceño, se
ríe de mi locura, de mi caminar pausado y atareado, se ríe de los enamorados,
se ríe de los ciegos que miran por los oídos, pobres endemoniados. Y a presión
de un término escribo rápidamente esta memoria, que por más que la evito y la
cobijo entre otros ojos plebeyos, escurren por los caudales de la mentira hacía
ti, ser inhóspito, que me haces decir la verdad con gestos imprecisos…Pues
tonto he sido, me lamento por lo nunca antes dicho.
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