Callado
me encuentro
corazón siniestro,
rompe mis arterias y
presiona mis entrañas.
La vida te ha deparado un destino inesperado,
mientras que mis ojos grises se han tornado
como el día que opaca nuestros pensamientos;
corren y corren como el viento.
Extiendo mis brazos y a nadie engaño,
muevo mis dedos y ya el tacto he perdido,
más aún lloro lágrimas hurtadas;
rompe a pedazos esta hermosa carnada.
Más ahora nada vive es esta inhóspita alma
que grita
de celos al mirar dos mil destellos
con luces
intimidadoras que ciegan mi seño;
mis ojos
caen por esteros inciertos.
Y al
llegar la mañana pienso en el nuevo día,
aquel que
de a poco se llena de armonía,
evitando esta
pesadilla que por más que escondo
es parte
de mi usual agonía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario